viernes, 14 de noviembre de 2008

Opinión

Muchos trabajadores de hospitales y centros de salud se manifestaron ayer, en horas de la tarde, por la defensa de la sanidad pública y contra el proceso de privatización de la misma, que viene desarrollándose por decisión del gobierno de la Comunidad, tomando como base legal una ley favorablemente votada por los dos partidos mayoritarios.
Parece que estamos frente a uno más de los tantos problemas “presupuestarios” que deben solucionar los gobiernos en los tiempos que corren. Al no tener dinero suficiente para prestar –en este caso- la sanidad, deciden entregar la gestión a empresas privadas, quienes a cambio de una cierta cantidad de dinero, hacen posible lo que el Estado, dice, es incapaz de hacer.
Ahora bien, las empresas privadas no hacen beneficencia y su fin es la obtención de ganancias. Para que las empresas obtengan el máximo lucro posible debería ocurrir que durante el lapso de tiempo que dura su obligación de prestar el servicio, ningún ciudadano (cliente) de los de su “cartera” enfermase o tuviese un accidente que le obligase a concurrir al hospital, porque tal desatino o imprudencia por parte del desaprensivo ciudadano-cliente conllevaría a la disminución del rédito de la empresa. El lucro, beneficio, rédito, dividendo o ganancia de la empresa gestora de sanidad esta directamente ligado a la no prestación de servicio y en el peor de los casos a prestarlo de manera deficiente, para así poder obtener algo de rentabilidad del dinero que el Estado le otorgara para –supuestamente- una mejor atención al ciudadano, atención que –recordemos- el Estado dice no poder realizar por carecer de presupuesto.
Algunos ejemplos de cómo obtengo el mayor beneficio como prestador privado de salud: reducción de personal, menor solicitud de estudios, etc, etc.
Para Bruselas, el sistema sanitario español muestra un retroceso frente a los resultados del año pasado. Esto recién comienza…