domingo, 12 de abril de 2009

¿?

La devastadora crisis económica y social cala hondo en la sociedad española y está afectando seriamente las costumbres y las vidas de la inmensa mayoría de la población. El miedo clausura herméticamente el bolsillo de todos y gastar se ha convertido en una actividad desatinada. Restaurantes con mesas vacías, viandas para comer en la oficina o en algún parque. Amigos que ahora se reunen en sus casas: el ahorro está a la orden del día. "Se acabaron los taxis, ir a tomar copas con los amigos, comprarse ropa y gastar en discos", explica Miguel, todavía adolescente.Otro fenómeno es la caída del uso de teléfonos móviles y el aumento del uso de Internet. Los inmigrantes, principales víctimas de la crisis, comenzaron su ahorro forzoso devolviendo los celulares.En comercios, bares, kioscos y grandes tiendas han aumentado los pequeños robos.Las parejas jóvenes ven alejarse en alas del desbarajuste económico sus posibilidades de casarse. Algunos que lo hicieron contratando hipotecas -a veces- a 50 años, no las han podido pagar y regresaron al nido materno. La edad de los jóvenes que siguen viviendo con sus padres aumenta considerablemente.Otro fenómeno fascinante y doloroso, es que las ciudades pierden ritmo, hay momentos en que aumentan las zonas vacías en algunas calles. La venta de automóviles, uno de los grandes caballitos de batalla de la economía española, se ha desmoronado pese a las grandes ofertas. Los precios bajan en cines, teatros y lugares de diversión pero la clientela va desapareciendo. La venta de libros cae, y cada vez son menos los conciertos de música popular. Los empresarios quiebran generando legiones de desocupados. Y una de las consecuencias más dramáticas y previsibles ha sido el aumento de las depresiones. Los psiquiatras no dan abasto recetando tranquilizantes y ansiolíticos.Los tratamientos privados son caros y hay una tendencia creciente en los sectores más afectados de la clase media de darse de baja en las prepagas y acudir al sistema público. Pero un turno en el servicio gratuito de psicólogos, en gran demanda, puede tardar más de un mes.

Textos de: Julio Algañaraz, corresponsal en Roma; María Laura Avignolo, corresponsal en París; y Juan Carlos Algañaraz, corresponsal en Madrid.